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Grecia

Cuarto memorando

11 de agosto de 2017
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El gobierno de Syriza acaba de aceptar una nueva vuelta de tuerca de los acreedores europeos que cae sobre las espaldas del pueblo griego. Lo que ya se conoce como cuarto memorando (aunque son nuevas condiciones impuestas por los socios europeos a cambio de un dinero ya com- prometido en el tercer rescate, sin aportar nueva financiación) es el peor a que Grecia se ha sometido hasta ahora, con condiciones aún más injustas que caen sobre trabajadores, jóvenes y pensionistas. El país continúa inmerso en la pesadilla de la deuda, los recortes para pagarla y cada día más hundido en el pozo.

Después de seis años de supuestos «rescates», la economía griega no remonta. Y es que la pretendida medicina está matando el enfermo: más recortes a cambio de créditos para pagar la deuda han llevado al país al colapso. Grecia ha entrado de nuevo en recesión (dos trimestres consecutivos de caída del PIB .... por tercera vez), ha visto desplomarse la renta nacional un 25%, mientras el paro (oficial) sigue en el 27% y la deuda supera el 180% de la riqueza del país. Son cifras propias de tiempos de guerra.

La historia se repite hasta convertirse en una broma de mal gusto. El gobierno de Alexis Tsipras ha llegado a este junio como lo hizo en 2015, antes de convocar el referéndum: con el agua al cuello. En julio tenía que pagar 7.400 millones de deuda (5.600 en vencimientos y el resto en pagos atrasados). Y nuevamente ha cedido ante el chantaje de los acreedores. Para pagar esta deuda acumulada, se endeuda más y encima tiene que hacer más recortes que caen sobre unas clases populares ya exhaustas. Para recortar Tres días de nuevas movilizaciones contra el Cuarto memorando 3.500 millones de euros, Tsipras ha impuesto la decimocuarta rebaja de las pensiones (de entre el 9 y el 18%), y ha aumentado los impuestos de los más pobres (el límite exento del impuesto sobre la renta pasa de 8.500 a 5.700 euros, es decir que tendrán que pagar IRPF familias que viven bajo el umbral de la pobreza). Además continúan las leyes antiobreras: se abarata el despido y se suspende la negociación colectiva al menos hasta 2019. Y por si fuera poco se liberaliza el sector energético y continúa la venta del patrimonio al mejor postor con Grecia privatizaciones de los pocos bienes públicos que aún son rentables (ya se han vendido puertos, aeropuertos, servicios energéticos ...). Los hombres de negro ya hace tiempo que han vuelto a trabajar en el Ministerio de Economía de Atenas. La motivación ideológica de las medidas impuestas por la troika (ahora cuarteto, con la incorporación del mecanismo europeo de estabilidad financiera) es evidente a lo largo de las 941 páginas del documento del acuerdo, que detallan medidas tan poco relevantes para las finanzas públicas como el aumento del número de festivos en que pueden abrir los comercios. El supuesto «rescate», a cambio del «sacrificio» ya ni siquiera pasa formalmente por Atenas: todo se va a pagar la deuda... y crea deuda nueva.

Cuando Tsipras ya había hecho aprobar los recortes en el Parlamento (sin disidencias obtuvo el sí de los diputados de Syriza y sus socios ultranacionalistas, ante las protestas callejeras de los sectores que se resisten a tirar la toalla), el Eurogrupo sorprendió bloqueando aún el dinero por las presiones de Alemania. La pesadilla se repetía: Grecia al borde de la quiebra y con la soga al cuello en manos de Schauble. Finalmente el acuerdo in extremis llegaba el 15 de junio, después de 8 meses de bloqueo.

El acuerdo pero sólo sirve para alargar la agonía al paciente, y el mismo FMI, que mantiene un doble juego exigiendo una rebaja de la deuda pero también más austeridad, reconoce que Grecia necesita borrar una parte de la deuda para hacerlo «viable».

Desde un punto de vista económi- co las medidas que se están aplicando en Grecia no tienen ningún sentido. Y es que el problema era y sigue siendo fundamentalmente político. El triunfo de Syriza abría el camino a un giro a la izquierda en toda Europa que pusiera en cuestión el «todo vale» para mantener el sistema financiero y el euro. Los aires de cambio se contagiaban a España, Portugal e Italia. Había que cortar el ejemplo de raíz y la dirección de Syriza se prestó a doblegarse. Las encuestas ya dan ventaja a la derecha sobre la desmoralización.

Pero había otro camino: el que el pueblo griego decidió con el contundente resultado del referéndum (62% por el no a la troika y la austeridad), poniendo fin a la agonía, dejando de pagar la deuda, poniendo la gente por delante de los bancos y dirigiendo la economía para garantizar los derechos de la clase trabajadora y los sectores populares. No es un camino fácil, pero sí el único que permite garantizar el futuro.

Cristina Mas

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