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Recortes y choques exteriores

La vía de los recortes sólo lleva a la miseria y no va a salvar las cuentas públicas

5 de noviembre de 2016
Escritor(a) : 

De igual manera que los capitales extranjeros habían alimentado nuestra autóctona burbuja inmobiliaria por encima de nuestras posibilidades, la explosión de la burbuja de EEUU provocó la explosión de la nuestra. 8 años después de una crisis peculiar por lo global, los gurus señalan que vuelve a tocar una nueva crisis, aunque esta vez sea de las «normales».

Sería «normal» si se hubiera saldado la anterior, pero eso no es cierto ni a nivel del estado español ni a nivel mundial. Las montañas de capital ficticio no se han caído. Las montañas de papel (deudas, acciones, bonos) de las que sus poseedores esperan rentas en el futuro la suma de las cuales es imposible, todavía no han perdido la mayor parte de su valor. Lo han impedido los rescates con dinero público y la política de los bancos centrales, comprando esos papeles al valor que indica la ficción. Eso, hasta ahora ha impedido los cracks – que tienen la mala costumbre de contagiarse – en una especie de calma que precede a la tempestad. Calma que sin duda están aprovechando los grandes capitales para vender el papel ficticio y comprar cosas de verdad – tierras fértiles, yacimientos, fábricas, armas o valores (papeles) considerados «refugio»-. También ha contribuido a la prórroga del desastre anunciado en 2008 el hecho de que los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tiraran unos años del comercio mundial detrás de China (se dice que China consumió en 3 años más cemento que EEUU en un siglo – estamos hablando de una población que es 5 veces mayor -).

Pero en la economía real las cosas no van mejor. Como resaca de las medidas empezadas a aplicar en los 80 por Reagan y Thatcher para paliar la disminución de la tasa de beneficio de los capitales, y con la ayuda de la restauración capitalista en Rusia, China y el resto, la subasta de las fábricas a las zonas con salarios más bajos, surgió la imposibilidad de las clases trabajadoras nacionales de comprar la producción. Esto se palió con el crédito y las exportaciones. Las dos salidas tienen sus límites, como se está viendo con la quiebra de la séptima naviera mundial, por la disminución del comercio.

Para acabarlo de arreglar, el cambio climático empieza a ser algo más que una etiqueta de moda, y puede temerse tanto su aceleración como su inercia (se necesitan kilómetros para frenar un gran barco carguero que va a toda velocidad). El cambio climático, unido a la llegada a los límites de máxima producción de petróleo crudo, cuestionan el modelo industrial, agrícola y de transporte mundial, y al mismo modelo de consumo individualizado occidental. La gestión del cambio necesario está entre la gestión «africana» de las crisis por parte de las grandes corporaciones y el imperialismo, o la planificación de una economía estacionaria y justa con bienes y servicios socializados. Barbarie o Socialismo.

La próxima crisis podría tener como detonante una crisis bancaria en la UE, con el Deutsche Bank como inicial protagonista, o la explosión de alguna de las burbujas inmobiliarias como la de China que es la mayor (aunque el suelo urbano pertenece al estado, lo que la hace diferente). O la explosión de las burbujas en las bolsas, causadas por la inundación de dinero gratis de los bancos centrales y los rescates. O el impago de la deuda de algún país causada por los rescates. Cualquiera de estos hechos podría producir una reacción en cadena, pues están interconectados.

El 21 de diciembre hará un año de las primeras elecciones generales. Meses antes, el PP había aplazado los recortes y decidido medidas electoralistas como bajada de impuestos y devolver vacaciones y una paga extra no pagada a los funcionarios. En las segundas se publicitaron 26 medidas del PP, parte de las cuales volvían a ser rebajas de impuestos, descuentos en el IRPF, bonificaciones. La UE, tan celosa de la política de austeridad, calló todo el rato para facilitar la victoria del PP. Al alargarse la interinidad del gobierno, la UE ha argumentado de varias maneras para que se votara el gobierno posible...el del PP, y avisado de la incertidumbre que crearía un gobierno con el apoyo de Podemos. Finalmente, la UE empezó a dar cifras cambiantes sobre el ajuste y recortes que pediría al nuevo gobierno y sobre la multa que quizás impondría (pero no al PP). No hemos de olvidar que dirige la Comisión Europea Junker del eurogrupo Dijsselbloem-, el Banco central europeo Draghi y nuestro ministro de economía es Guindos. Los dos primeros de dos paraísos fiscales y los dos últimos de Goldman Sachs (el banco más poderoso del mundo, cerebros del fraude de las hipotecas en EEUU y asesores principales en la ocultación de la deuda griega).

Hay varias cifras sobre la mesa. Por un lado los periódicos han informado que el gobierno da por perdidos 26.300 millones de los rescates a la banca que ésta tenía que devolver y no lo ha hecho (o sea, esta cifra una sola vez). Algún medio amplia esta cantidad a 38.012 millones. Según el informe de la PACD (Plataforma Auditoría ciudadana de la deuda) de 2013, el rescate no recuperado, si damos por buena la cantidad que los medios afirman que la banca devolvió, sería de 61.576 millones. Esta cantidad tendría un impacto directo en la deuda pública del estado español. Pero según el mismo informe habría riesgos que sólo se van a materializar si la banca incumple sus compromisos con terceros, y que el estado ha avalado. Esos riesgos suman otros 500.000 millones que en este momento todavía no es deuda pública pero que puede llegar a serlo toda o en parte. A esto hay que añadir el aval implícito del estado al Fondo de garantía de depósitos que el mismo informe cuantificaba en un riesgo máximo de 795.000 millones, que puede no materializarse, o sí en parte o en su totalidad.

Y hasta aquí hemos hablado sólo de rescates a bancos. Si incluyéramos a las grandes constructoras tendríamos la sorpresa de que con sólo una de ellas, SACYR (la del Canal de Panamá) tenemos riesgos por valor de 3.447 millones (a fecha de 2013) en forma de créditos y avales que pueden materializarse en obligaciones de pago para el estado en parte o en su totalidad.

Junto a estas cifras, la Comisión de la UE nos advierte que nuestro déficit se ha desviado algo menos de 30.000 millones de lo previsto (o sea, esa cifra cada año) y piden recortes y dan ideas de por donde empezar. Proponen subir del 4% al 21% el IVA de los productos de primera necesidad: pan, leche, huevos, frutas, verduras, hortalizas, cereales y quesos. También libros, periódicos y revistas no publicitarios; medicamentos de uso humano; sillas de ruedas para discapacitados y prótesis y Viviendas de Protección Oficial. Y subir del 10% al 21% el IVA del resto de los alimentos y el transporte de viajeros. También proponen controlar y reducir los presupuestos de las Comunidades Autónomas (o sea, sanidad y enseñanza) y doblar la cantidad de publicaciones de concesiones, concursos, contratos de manera que no sólo las grandes constructoras y empresas del estado español se repartan el pastel, sino que haya contratos para las empresas europeas. En el momento de escribir, el gobierno prepara una ampliación de las retenciones en el pago del impuesto de sociedades durante dos años, o sea un crédito gratis (pero no olvidemos que el impuesto lo ha reducido el PP, y que las empresas del IBEX no pagan más del 3% de media).

También se está preparando una reducción de las pensiones para el próximo gobierno. Durante decenas de años el dinero de las pensiones alimentó los presupuestos del estado, pero el pacto de Toledo instituyó la separación de fuentes de financiación entre pensiones y el resto del presupuesto. Con el paro y los bajos salarios de la reforma laboral, los ingresos no cubren las pensiones. En 2015 el déficit fue de 17.000 millones. Las opciones dentro del sistema son o una rebaja de las pensiones o traspasar dinero de los presupuestos o una combinación de las dos.

La deuda pública casi se ha triplicado desde 2007 hasta llegar a 1 billón (un millón de millones, igual al PIB de un año). Los intereses sumaban 35.000 millones anuales en 2015. Pero estas cifras son sólo la punta del iceberg. El rescate bancario ha impuesto a las cuentas públicas obligaciones de pago y riesgos (avales y garantías) que van desde los 64.000 millones que ya se hallan incorporados en la deuda (y de los que el gobierno ya da por perdidos 26.000 millones), hasta 1,3 billones que sería lo que se descargaría en las cuentas públicas en el peor de los escenarios de quiebra de los bancos españoles. Pero se dirá que el escenario de quiebra de los bancos españoles no es una hipótesis razonable. Apuntemos que las dificultades de los bancos italianos, alemanes y franceses no son una quimera, y que los rescates de Grecia, Portugal y estado español (o «préstamo en condiciones muy favorables, mejores que las del mercado» según Guindos) se hicieron para evitar los impagos de estos países para no perjudicar a los bancos alemanes y franceses. Los tests de riesgo de los bancos europeos que miden su fortaleza, han salido bien olvidándose de que los intereses bajos que reducen sus beneficios pueden durar. Pero los bancos europeos están llenos de acciones y bonos de las mejores burbujas de todo el planeta. Su riqueza apuntada en el balance depende de que acaben cobrando el dinero que prometían esos papelitos. La vía de los recortes sólo lleva a la miseria y no va a salvar las cuentas públicas de la quiebra a la que las arrastrarán las quiebras bancarias. No hay que entrar en la senda del desguace en el que entraron los gobiernos europeos. No al pago de la deuda! Nacionalización de la banca. Prioridad al gasto social. Pensiones dentro de los presupuestos, y no en contabilidad aparte. Fiscalidad progresiva para que paguen más los que más tienen o expropiación. Riqueza al servicio de la producción y las necesidades sociales. Economía mundial estacionaria y justa con bienes y servicios socializados.

Víctor Messeguer
Nota: los enlaces están en: https://is.gd/Etwg7E . Enlazar no significa avalar.

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