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El 155 y el ataque a la escuela pública catalana

La movilización del profesorado, clave contra la represión y el 155

8 de enero de 2018
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La enseñanza ha estado, junto con economía, Mossos y medios, en el punto de mira de la intervención del Estado en Catalunya. Con el artículo 155 ya en vigor, PP y Ciudadanos siguen presentando propuestas para una intervención todavía más directa de la tarea educativa. A la vez, los y las trabajadoras de la enseñanza y el movimiento estudiantil, son los sectores que más están respondiendo a la Represión del Estado.

Un salto cualitativo que quiere devolvernos 40 años atrás

El Estado, con el Gobierno del PP al frente, quieren devolver las escuelas al final del franquismo, antes de las luchas de maestras y familias de la Transición. No es simplemente más de lo mismo de lo que se ha vivido hasta ahora, en muchos casos de la mano del Gobierno de CiU o del Tripartito, sino una agresión en toda regla, fomentada en la fractura social y la exclusión de cualquier referente social crítico, y la voluntad de uniformizar el estado en lengua e historia... bajo la bota del 155 y con la ocupación de 10.000 policías y guardias civiles.

Ni la voluntad recentralizadora del Estado, ni la de «españolizar» al alumnado de Catalunya no son nuevas. Forman parte de la esencia del Régimen heredero del franquismo y es una necesidad para cualquier estdonación que oprime a otros.

Tampoco es nuevo que los Gobiernos burgueses limiten la capacidad emancipadora de la educación pública, los debates, el desarrollo del espíritu crítico y la voluntad de cambios del alumnado. Cualquier sistema que oprime usa la educación para perpetuar su opresión. Y todos los Estados capitalistas usan la escuela para reproducir y mantener la existencia de las clases sociales. En este sentido, la LEC del tripartito y de CiU tiene unos objetivos muy parecidos a los de la LOMCE, con la diferencia que esta última tiene unos componentes ideológicos aún más reaccionarios Ahora, ante los pasos que ha hecho el pueblo de Catalunya para constituirse en República, el Estado se ha visto obligado a desplegar y acelerar medidas para incrementar el control sobre ámbitos que considera claves. Y la enseñanza, como espacio de formación, diálogo y pensamiento colectivo es uno de ellos.

Con el 155, el Estado ha intervenido todas las Direcciones generales del Departamento de Enseñanza y las Subdirecciones Generales de Inspección y de Lengua, justo las que permiten tomar medidas contra los ámbitos que más están amenazando: la inmersión lingüística y la tarea de los y las docentes.

Pero, insistimos, la Monarquía aprovecha la ocasión política para acabar con un modelo educativo que nace de las luchas de la transición y que han sido base de cohesión social de la escuela pública a pesar de todos los recortes sistemáticos de unos y otros gobiernos. No es un paso más, es un salto cualitativo.


La fractura social incentivada en el odio y el ataque a la tarea docente

La campaña de denuncias en los centros impulsada por Sociedad Civil Catalana y después reproducida por el Ministerio de Educación, es la preparación del terreno para la ofensiva a gran escala, en base a minar la cohesión de la escuela catalana. Empezó la misma Guardia Civil, pero se extendió como una mancha de aceite a base de fomentar las denuncias anónimas de odio con una política de tierra quemada. Denuncias anónimas, en base a las que repiten machaconamente, sin pruebas, pero micrófono en mano y cobertura política y mediática, Albiol y Arrimadas.

Esta campaña de odio para conseguir la fractura social amenaza directamente la propia tarea educativa de los y las docentes. La campaña difamatoria acusando el profesorado de Cataluña de adoctrinar al alumnado, que desde hace meses han orquestado PP, C’s con el silencio cómplice de PSC (y a menudo otras fuerzas de izquierda), ha dado paso a las denuncias del propio Ministro de Educación y a las investigaciones en varios centros educativos. Ya han tenido que ir a declarar ocho docentes por delitos de «incitación al odio» y está denunciado el portavoz del sindicato mayoritario de la enseñanza pública.

Pero va más allá del ataque al supuesto adoctrinamiento independentista, porque combatiéndolo, tienen que atacar el espíritu crítico en la escuela. Porque es obvio que si se puede hablar de lo que pasa en la calle tendremos que poder hablar de la política y la Guardia Civil apaleando la gente el 1 de O; y al contrario, si no se puede hablar del 1 de O, de los presos políticos o del por qué se niega lo que un pueblo ha decidido votando, tampoco se podrá hablar de la corrupción, la violencia machista, la crisis económica, la plusvalía, los desahucios o la miseria. Es el mismo razonamiento crítico que tanto hemos defendido –y enfrentado cuando imponían la religión o a los bancos a dar «economía»-, y con él nuestra práctica docente, lo que quieren esposar a la sombra del 155, con citaciones y decisiones judiciales, generando el miedo en el profesorado y que no haya debate en los centros.


El ataque a la inmersión lingüística

El otro gran objetivo es la lengua, no con el objetivo de defender el castellano que no sólo no está en peligro -como se demuestra con las pruebas de selectividad o las del Ministerio con resultados superiores a CCAA donde el castellano es la única lengua-, sino con el de anular el catalán en un brutal afán uniformador. El ataque a las lenguas de las naciones oprimidas es una característica común de los Estados que las oprimen que miran de hacerlas desaparecer para negar estas realidades nacionales. En el Estado español se ha visto muy claro durante el franquismo y, más recientemente con la propia LOMCE o con el intento fallido del PP de instaurar el TIL en Ses Illes, que fue tumbado gracias a la ejemplar lucha de la Asamblea de Docentes a la que se añadió toda la comunidad educativa. Y, en cuanto a resultados, los datos de consolidación de la lengua según uno u otro modelo, hablan por sí mismos.

Pero el caso de la inmersión va más allá. Con el traspaso de competencias, en1980, empezó la enseñanza del catalán, y como en el resto de CCAA, la posibilidad de escuelas en catalán, allá donde la lengua materna mayoritaria fuera la catalana. Esto generaba escuelas diferenciadas por lengua materna –años después, en Valencia o Euskadi sería por opción-. Una de las bases de la reivindicación de las escuelas de Sta Coloma de Gramenet, con familias mayoritariamente de habla castellana, que hicieron las pruebas piloto en el 83-84, no era tanto –o sólo- la defensa del catalán, sino el fin de la segregación en diferentes escuelas del alumnado según la lengua, y por lo tanto considerar ésta como herramienta de cohesión social con independencia del origen. Es acabar con esta cohesión definida en torno a una lengua común uno de los objetivos del 155.


Y la guinda: la historia de España, Una, Grande y Libre

Para redondearlo, tal como intentó Wert, pero ahora a golpe de 155, quieren garantizar una lectura uniformada de la historia que fundamente la construcción del estado monárquico y centralista actual.

Esto golpearía currículums para cerrar el círculo: uniformidad histórica como base de una uniformidad lingüística sólo rota por las escuelas identitarias para los catalanes de estirpe, y adoctrinamiento del pensamiento único constitucionalista, sumiso al capitalismo y a la religión.

Sólo la movilización tumbará el 155

Los y las trabajadoras de la enseñanza fueron masivamente a la huelga el 3 de octubre y fueron el sector que más secundó la del 8 de noviembre (la propia delegación del Gobierno hablaba de más del 30%).

El PP ya ha dicho claramente que si el Parlament surgido del 21D no acata la constitución, es decir, si no renuncia a la República Catalana, volverá a aplicar el 155. Tienen la voluntad de implementar sus ataques, también sobre la enseñanza, por la vía «democrática» o por la autoritaria.

Hay que recuperar la lucha de los años 70, la que construyó la escuela pública catalana de las cenizas de la escuela autoritaria del franquismo, que buscaba sus raíces en la escuela republicana de los años 30, con las del CENU. Aquella escuela que sucesivos gobiernos de la derecha catalana de CiU fueron debilitando tanto en su concepción democrática y participativa, como en las concepciones neoliberales, y tuvieron su máxima expresión en la LEC del gobierno tripartito de la supuesta izquierda (PSC, ERC e ICV); que siguió degradando la LOMCE y en los últimos años deteriorada a golpe de recortes.

Los y las docentes tenemos que defender el diálogo y las libertades en las aulas. Pero también lo tenemos que hacer organizándonos en asambleas y movilizándonos en la calle. La limitación actual de los sindicatos para defender la República catalana, también como herramienta para construir una educación pública con más recursos y más democrática, hace esencial la articulación de un espacio asambleario de los y de las trabajadoras de la educación que responda a estas reivindicaciones a la vez que lucha para parar la represión del Estado. Es importante tratar de unificar las diferentes iniciativas que están surgiendo y poderlas coordinar con el movimiento estudiantil, los CDRs y la Plataforma de sindicatos y organizaciones que convocó la huelga del 3 de octubre.

¡Hay que dar continuidad a las movilizaciones y a las huelgas del 3-O y 8-N!
¡Tumbemos el 155 y los ataques a la cohesión social, la lengua y el profesorado!
¡Defendamos una República Catalana con una educación pública de calidad y democrática!

Pedro Mercadé y Josep Lluís del Alcázar

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